Hace quince años unos amigos me regalaron unos pases de baloncesto para un equipo de la Comunidad Valenciana,
y desde entonces, siempre que puedo, voy a ver algún partido.
A parte de disfrutar del partido (si ganamos mejor); me gusta sentarme a la media parte y quedarme embobado viendo a un grupo
de chavalillos jugar un partido que viene a durar unos cinco minutos. Me gusta verlos sentirse importantes dentro de la cancha,
sin la presión que se le supone a un profesional, pero con el orgullo de poder meter una canasta en "el campo de los mayores".
Estos niños, igual que muchos otros que practican algún deporte, son el futuro. De aquí saldrán los "Gasoles, Luengo" y otras grandes
estrellas, pero lo más importante es que saldrán grandes amantes del deporte. No es que sea un defensor aferrimo del producto nacional,
pero entiendo que las canteras (alevines, infantiles, cadetes...) hay que cuidarlas y hay que mimarlas, aunque fuera simplemente por
la ilusión, el sacrificio y el espíritu de superación que se respira en la cancha mientras entrenan los chavales o juegan su "partidillo".
Yo por mi parte apuntaré a mi hija, cuando se le pase a mi mujer la fiebre del ballet, a algún equipo de baloncesto... . Y quien
sabe si dentro de unos años me tengo que ir a Alemania a la final de la Copa de Europa Femenina.
|